El Blog del Cesare

Enero 29, 2009

La crisis de la avaricia… y de la desfachatez

Archivado en: Uncategorized — elcesare @ 11:46 pm

En el post anterior trato de explicar un poco qué es lo que provocó esta crisis de la que todo el mundo está hablando y en éste, la verdad es que no hubiera cabido el título original: la crisis de la avaricia, de la ignorancia, de la desfachatez y de la irresponsabilidad. Comencemos por la Avaricia:

Es la crisis de la avaricia porque, de plano, todo mundo pensó que podía ganar dinero fácil sobre una base absurda y endeble, porque las agencias calificadoras solaparon a los grandes corporativos financieros americanos cubriendo con AAA su basura con tal de ganar más dinero. Es la crisis de la avaricia porque un empresario mexicano no e capaz de ser mil millones de dólares menos rico y decide que las utilidades de su empresa son lo primero que hay que salvar, porque Starbucks prefiere cerrar 300 tiendas a nivel mundial y despedir a 6 mil empleados antes que dejar de vender su café a 4.50 dólares, porque las utilidades son primero.

Es la crisis de la ignorancia porque la mayoría de la gente está tomando medidas en sus empresas con base en los rumores de la crisis, sin el menor análisis de sus posibles impactos. La crisis de la ignorancia porque algunos empresarios no se ponen a ver en dónde están las oportunidades y toman la primera reacción que sus pequeños cerebros generan: correr gente y con esto sí generar y agravar la crisis financiera en la economía real.

Es la crisis de la desfachatez, porque a pesar de que los presidentes de las automotrices llegan a pedir dinero… a pedir dinero a Washington, lo hacen en sus aviones privados, gastando más de 20 mil dólares en un vuelo que pudieron haber hecho de manera comercial. Porque ninguno es capaz de bajarse de sus Ferraris y sus Aston Martin. Es la crisis de la desfachatez porque en medio de la crisis, nuestros diputados y senadores no están dispuestos a bajar su sueldo (como si sólo eso ganaran) en 10 por ciento y van a hacer foros para ver qué medidas deben de tomarse (como si ellos nos hubieran sacado de la crisis alguna vez). Ellos, que nos tienen ahogados en la incompetitividad. Es la crisis de la desfachatez porque los empresarios o ejecutivos que corren a 1,500 empleados de un plumazo siguen teniendo su corner office con vista al bosque de Chapultepec, sus guardaespaldas y lujos.

Y es la crisis de la irreponsabilidad, en primer lugar de todos aquellos que hemos tomado un crédito que no podíamos pagar, pero sobre todo de los medios de comunicación, que se encargan en todo momento de hablar de la crisis, de generar angustia, pánico, estrés y que no se cansan de sacar el tema de la crisis en cada entrevista, en cada rueda de prensa, en cada momento, y de decir “un país tan emproblemado como México”.

Por mi parte, considero que ninguno de quienes hablan de la crisis en los medios, ni los diputados, ni los empresarios que corren gente a lo bestia (esos son sólo oportunistas), ni los corredores de la Bolsa Mexicana de Valores, ni los políticos nos han sacado nunca de una crisis, y, no lo harán. Lo que nos ha sacado de la crisis es el trabajo, ese trabajo que hacemos tú y yo todos los días, la creatividad, la unión, la confianza. No nos sacarán de la crisis aquellos que van a pedir 100 mil millones de dólares para deshacer sus estupideces, sino el trabajo de todos, en donde haya… en donde esté.

La crisis económica mundial (un intento breve)

Archivado en: Opinión — elcesare @ 10:42 pm

Lo que para muchos tiene sus bases desde los atentados de las torres gemelas en Nueva York el 11 de Septiembre de 2001, finalmente se materializó de manera tangible el domingo 15 de septiembre de 2008, al anunciarse la quiebra de Lehman Brothers.

En aquel entonces, cuando los terroristas atacaron la sede del World Trade Center de la ciudad de Nueva York lograron el objetivo primario: causar miedo en una población norteamericana que, hasta entonces había estado a salvo de atentados terroristas de gran escala. Pero al mismo tiempo comenzó a lograr su segundo y tal vez más importante objetivo, consistente en mermar el poderío financiero de la potencia mundial.

Para corregir la crisis, la Reserva Federal (FED) de Estados Unidos, comenzó a bajar las tasas de interés, desde 6.25 % hasta alcanzar un mínimo de 0.75 % a mediados de 2003. Desde ese entonces, tras una recuperación de la economía, comenzó un aumento gradual hasta retomar su nivel para la segunda mitad de 2006.

Estados Unidos había visto un mínimo crecimiento en su economía como resultado de la crisis de las punto com en 2001, a penas 0.8 por ciento, pero con las medidas tomadas, para 2004 se encontraba ya con un crecimiento del Producto Interno Bruto de 3.6 por ciento.

George Bush apostó entonces todo y así lo presumía, a facilitar que los estadounidenses fueran “dueños” de sus propias casas, alcanzando en 2005 su punto máximo: 2.07 millones de casas vendidas. Se estaba gestando, gracias a la expansión del crédito, una burbuja en el sector de bienes raíces, pues el precio real de las viviendas se multiplica por dos en sólo 10 años.

bush“Qué demonios!, dejémos que él decida!”

Esto propició que el mercado fuera haciéndose más pequeño para los bancos que buscaban prestar dinero a como diera lugar, así que surge la idea de dar préstamos más arriesgados (por los cuales podrían cobrar mayores intereses), dando a su vez créditos por encima del valor de las casas que compraban los acreditados. En pocas palabras, había que aprovechar el boom inmobiliario y dar más dinero, pues era seguro que en pocos meses, la casa que se había comprado valdría más. Las hipotecas que otorgaban este “excedente” se llamaron hipotecas subprime.

homeless1“Oiga, usted parece un tipo solvente ¿qué le parecería comprar una casa?”

No importaba entonces que el acreditado no tuviera empleo o nada en garantía para solicitar un préstamo (No income, no job, no assets), la economía americana iba tan bien, que seguro encontraría empleo pronto. Sonaba bien si no se tomaba en cuenta el aumento en la tasa de desempleo, la cual subió de 4.4 por ciento en enero de 2007, a 6.1 en agosto de 2008.

El problema comienza cuando, los receptores del préstamo comenzaron a vivir como si nunca tuvieran que pagar, y usaban ese excedente de crédito para comprar autos, salir de vacaciones y realizar toda clase de consumos desmedidos. Esto se hizo a una escala tal, que de hecho creó una falsa percepción de crecimiento del PIB americano, pues sin estos préstamos el crecimiento es hasta una cuarta parte mayor del reflejado oficialmente, o a veces negativo.

mortgage

La “borrachera”, como definió en su muy particular estilo el expresidente de Estados Unidos, George Bush, llegó a tal grado, que los bancos norteamericanos acudieron entonces a bancos de otras naciones para que les prestaran dinero. Pero había un problema, para cumplir con la normativa de Basilea II, los bancos tenían que bajar su nivel de otorgamiento de créditos, por lo que debía surgir una idea en sintonía con la tendencia del momento, y ésta fue “empaquetar” hipotecas prime (buenas) y subprime (malas) para titularizarlas.

Los paquetes se llamaron “Mortgage Backed Securities” u “Obligaciones garantizadas por hipotecas” y consistían en paquetes donde se reunían hipotecas con distintos niveles de riesgo de incumplimiento, que presentaban interesantes beneficios para los compradores. Además, estaban calificadas por las agencias más reconocidas, algunas incluso con “AAA”.

Los bancos entonces comenzaron a utilizar los servicios de banca de inversión para colocar los paquetes menos riesgosos entre inversionistas conservadores a baja tasa de interés y dejaron las más riesgosas a aquellos más osados, para quienes la rentabilidad era algo que significaba bonos extra para sus directores, creando para esto los CDO (Collateral Debt Obligation).

merlinUna pizca de osadía… otro poco de avaricia… tres tontos y tenemoooos: UN CREDIT DEFAULT SWAP

Ya encarrerados, los magos financieros crearon otro producto importante, los “Credit Default Swaps”, un acuerdo entre dos partes en el cual una protege a la otra contra la quiebra de una tercera parte, funcionando así: “El comprador de un Credit Default Swap (CDS) acuerda pagar cierta cantidad periódica de efectivo al vendedor, a cambio de tener una protección contra el impago de un bono o préstamo de un país, una empresa o una hipoteca. Si se produce el evento (falta de pago), el vendedor del CDS paga al comprador el monto total de la pérdida en el préstamo o bono, en efectivo o en entrega física.

Lo que sonaba demasiado bueno para ser verdad, en realidad lo era. La burbuja fue creciendo hasta alcanzar un tamaño de 62 billones (millones de millones) de dólares, algo parecido al PIB mundial, con el consecuente riesgo de una crisis en el sistema financiero.

Mientras tanto, los índices en los precios de las casas comenzaron a caer drásticamente desde finales de 2006, hasta un 16.3 por ciento en el índice compuesto de valor de viviendas de Estados Unidos (Composite 20), índice elaborado por Standard & Poor’s que toma los valores de las viviendas en las 20 principales ciudades del país.

Lo peor entonces ocurrió. Con la quiebra de Lehman Brothers los compradores de MBS, CDO y CDS comenzaron a preguntarse qué era aquello que estaban comprando (sí, basura) y dejaron de comprarlos, además de que aquellos que los tenían ya no encontraban comprador y, como nadie sabía lo que tenían, los bancos comenzaron a no fiarse los unos de los otros. La crisis de confianza había comenzado.

emptysafe1Oooops!!

Los bancos comienzan a quedarse sin dinero y se ven obligadas a vender sus edificios y participaciones en empresas, la gente, apretada de dinero, comienza a ir menos de compras; las tiendas, que lo notan, compran menos al fabricante; a éste comienza a sobrarle gente y despide a algunos cuántos, se estaba gestando la crisis.

Como consecuencia de la crisis, que comienza por pegarles a los otorgantes de hipotecas y a los constructores de viviendas, se genera un “contagio”, visible en la quiebra de empresas inmobiliarias en España, la de Northern Rock y en los rescates de Fortis, Dexia, Hypo Real State Holding, además de los ampliamente conocidos casos de Fannie Mae, Freddie Mac y AIG.

La crisis actual causa deterioro en el valor de los activos de empresas financieras, pérdida de confianza, falta de liquidez, contagio a las economías menos desarrolladas y la perspectiva de un cuantioso costo fiscal para los contribuyentes. Se afectaron directa y seriamente rubros como licitaciones de obra, consumo de cemento, venta de autos, ventas al por menor, turismo y seguros.

panicPanic at the NYSE!

Hasta ahora las medidas de rescate han sido insuficientes, principalmente porque esta crisis es diferente. No se originó en economías pequeñas y vulnerables, sino en los grandes mercados financieros, bien establecidos y sofisticados. De hecho, fue creada por algunas de las instituciones más grandes y sofisticadas. Los mecanismos reguladores fueron incapaces de monitorear, calificar y controlar la exposición excesiva al riesgo crediticio.

¿Responsables? Muchos y en distintos niveles. Las autoridades financieras fueron, como se dijo, incapaces de poner un alto; Alan Greenspan nunca quiso reconocer el problema, ni reconocerse como responsable de la política económica que llevó a esta situación; los prestamistas y los agentes hipotecarios, que no tuvieron suficiente; los tomadores de crédito al contratar deuda que no podrían pagar; los bancos de inversión; las agencias calificadoras, que ayudaron a armar los “paquetes” a pesar de saber que estaban mal; Las juntas directivas y los Consejos de los bancos, que subestimaron el riesgo; los reporteros y periodistas, que han contribuido a la propagación de información negativa, alarmista y, muchas veces incorrecta; y finalmente el inversionista, que, al buscar beneficios de corto plazo, fue incapaz de analizar lo en qué estaba invirtiendo su dinero.

Las consecuencias se transladarán, como siempre, a tí o a mí. Pues el “rescate” financiero no es otra cosa que nacionalizar las pérdidas. Así es el cuento: las ganancias se privatizan y las pérdidas se nacionalizan. Lo importante, considero, es estar concientes de que, como otras, esta crisis pasará. Habrá que aguantar la tormenta porque las crisis son inherentes al capitalismo. No nos dejemos llevar por las notas alarmistas y seamos mesurados en nuestras reacciones. En una crisis, lo peor que podemos hacer es parar el dinero y lo segundo peor, es desperdiciarlo.

Enero 28, 2009

El negocio de no pagar

Archivado en: Opinión — elcesare @ 11:12 pm

Con la crisis económica mundial, que comienza a afectar (más por convencimiento que por otra cosa) en la economía mexicana, el índice de cartera vencida ha comenzado a subir. La imposibilidad de un pago oportuno, aunado a las abusivas comisiones que cobran los bancos, son un par de causas de este fenómeno.

Sin embargo, hay otro, menos evidente. En México no pagar es un negocio para el deudor. Recientemente tuve la invaluable oportunidad de liquidar las deudas que tengo en tarjetas de crédito, que importaban una cantidad nada despreciable, por no decir que estaban de locura.

Quise, con el dinero en la mano, negociar con los bancos a los cuales les debía, la posibilidad de un descuento en el pago del monto total de la deuda, ya que al cubrirla, les ahorraba costos de gestión de cobro (eso argumentaba yo) y además se libraban de un problema. Pero la apertura para negociar fue literalmente CERO. “No tenemos una opción disponible”, fue la respuesta en más de un call center de estos bancos.

Claro está que quienes pagamos a tiempo nuestras tarjetas, con intereses mínimos de 38 por ciento y Costos Anuales Totales de hasta 75 u 80 por ciento, pagamos los platos por aquellos que decide aprovecharse del lucrativo negocio de no pagar.

Yo hubiera podido tomar la alternativa, el camino largo para salir bien librado de las deudas, con el único costo de tener mi nombre con un registro negativo en el Buró de Crédito (el cual de todos modos está por una confusión de Iusacell por un importe de 110 pesos). El camino es el siguiente:

1. Dejar de pagar absolutamente mis tarjetas

2. Esperar las llamadas de cobro, varias, de noche y con tonos bastante altaneros

3. Aún así seguir sin pagar

4. Esperar a que lleguen los avisos de los Bufetes legales que me amenazan con enviarme a Buró de Crédito.

5. Romperlos y seguir sin pagar

6. Esperar una llamada del buró haciéndome una oferta

En este punto se separan los buenos de los verdaderamente buenos. Los buenos llegarían hasta aquí, aceptando reducciones del 30 al 50 por ciento en los montos de deuda originales, los verdaderamente buenos seguirían sin pagar…

7. Llamadas de un nuevo Bufete de abogados, o del mismo, a altas horas de la noche, con grabaciones cobrando (si tu espíritu es fuerte, puedes soportarlo)

8. Dejar transcurrir, sin pagar un centavo, unos cinco o seis meses de llamadas y hostigamiento.

9. Finalmente, tomar la NUEVA opción que ofrece el Bufete (que seguro ya es otro que compró la cartera)

Y terminar pagando hasta el 10 por ciento de la deuda original, SÍ, DIEZ por ciento de la deuda original.

Así que con un poco de paciencia y sangre fría, si debe 150 o 200 mil pesos, podrá salir de la bronca con 20 o 30 mil pesos. Además, sin preocuparse, puesto que para cuando pase la crisis, seguro le volverán a dar una tarjeta de crédito, argumentano su BUEN HISTORIAL. Al final, hay que aprender la lección.

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