Aguantando a la democracia

Publicado: abril 15, 2008 en Opinión

A penas la semana pasada, en una clase a la que tuve la oportunidad de asistir con el ministro Mariano Azuela, el grupo comentaba acerca de lo difícil que resulta ver en la escena política a personajes de la calaña de Andrés Manuel López Orador, Ricardo Monreal, René Fernández Noroña, Martí Batres, Dante Delgado, Alejandro Encinas y tropa que los acompaña.

Algunos hasta comentaban si nadie podía hacer algo para parar a esta bola de revoltosos, que viven bajo la sombra de un sistema al cual se dan el lujo de “desconocer”. Pero el ministro, cuidadoso de las formas, desde luego, nos dio una respuesta de fondo: “esto que estamos viendo, es la democracia, algo que no estábamos acotumbrados a ver, pero para la cual la mejor postura es la tolerancia”.

¿Tolerancia? Sí, cuesta mucho trabajo. Yo no puedo ni ver en la tele a Ricardo Monreal o a Layda Sansores razgándose las vestiduras, cuando sabemos en el fondo la clase de alimañas políticas que son, despreciables en un juego oculto que nada envidia a las “componendas” que se arman en los demás partidos. Apuestan al fácil olvido de un grupo de mexicanos que no recuerdan, o se engañan para no hacerlo, cuando López Obrador tomaba pozos petroleros en una flagrante violación a la constitución que él dice defender como buen “juarista”.

Apuestan a que se olviden del origen priísta de López, del exgobernador de Veracruz Dante Delgado, de la mayor prostituta política que se llama Porfirio Muñoz Ledo, y, al hacerlo así, le dan en la madre a un proyecto serio de una izquierda pensante, propositiva, al imponer una izquierda conservadora, defensora de los dogmas, corrupta y vividora.

Recuerdo la admiración que me despertó escuchar una conferencia de Felipe González en Caracas. Una izquierda donde domina la razón y el debate de ideas; y no soy malinchista ni mucho menos, pero basta ver cómo este “izquierdista” llevó a España de un ingreso percápita de a penas 2,000 dólares, a uno de más de 22,000 dólares en sus 14 años de gobierno. Ésa es una izquierda interesante, la que propone que el estado debe estar presente tanto como sea necesario y tan poco como sea posible en la economía nacional, que la mejor manera de crecer y progresar es poner el desarrollo del país en manos de su gente… de su GENTE y no de un grupo de vividores que dicen representarla.

Soy, a pesar de todo, enemigo de generalizar. Tiene un par de semanas que escuché una conferencia de un diputado de la legislatura actual, en la cual hablaba del trabajo legislativo que se ha llevado a cabo. Es verdad, desde que llegó esta legislatura, la más poderosa en mucho tiempo, han pasado las reformas a la Ley del ISSSTE, a la de Justicia, la del IFE y, sin duda, muchas más. No obstante que ninguna es la deseada, el hecho de que hayan salido muestra que algunos legisladores sí quieren trabajar, sin embargo, pudieran estar siendo utilizados por otros grupos para acomodar de la mejor manera sus intereses y los de sus cuates.

Ayer escuchaba a Carlos Puig en W Radio hablar de lo que será la nueva emisión de Hoy por Hoy, espacio donde estaba Carmen Aristégui, quien salió de la estación por “incompatibiliad editorial”. Puig decía algo muy cierto: “la noticia es más que aquello que pasa en Xicoténcatl, San Lázaro y Los Pinos”, es verdad. Personas como yo ya no vemos ni escuchamos voluntariamente (obligatoriamente sí) las emisiones de noticias porque SIEMPRE hablan de lo mismo, que si López Obrador esto, que si Carlos Navarrete lo otro, que si González Garza aquí, que si Manlio Fabio Beltrones allá… total, no sólo flojera, sino hasta mala vibra da.

Esto es la democracia, nos dice Mariano Azuela, un ejercicio de libertad y tolerancia. Estoy de acuerdo; creo que estamos en ua transición a una democracia más estable, donde el sufragio efectivo pondrá en su lugar a quienes hoy cancelan el debate por posiciones, ya no ideológicas, sino de intereses mezquinos; creo que tendrá que poner también en su lugar a aquellos que pretenden esconder tras mensajes elaborados y manipulación sus verdaderos intereses; pondremos, como ciudadanos, el alto a los políticos acomodaticios, que venden su voto a cambio de prevendas inmorales, a cambio de protección a sindicatos y sus líderes, a lo peor de este país.

Nunca está más obscuro que cuando va a amanecer, esperemos que éste sea el caso, o ¿no vamos a pasar factura a quienes nos arruinan el café por las mañanas?

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