La absurda guerra contra el narco

Publicado: abril 30, 2010 en Opinión, Uncategorized

Clasemediero, como soy, he estado en contacto con una gran variedad de drogas. Debo decir que esto no sucedió sino hasta el primer año de la preparatoria, cuando vi por primera vez un “churro” de marihuana que llevaba un compañero. Por supuesto nos ofreció y, por alguna cosa buena que hicieron mis padres durante mis primeros años en este planeta, no acepté. La verdad en ese momento no fui consciente de porqué había tomado la decisión de evitarlo.

Pasaron los años y finalmente, en una fiesta, la probé. Y nada, simpático, chistoso, en compañía de buenos cuates fue una experiencia agradable, pero hasta ahí. Por un rato se volvió moda entre algunos de mis amigos, y como tal, a medida que fuimos adquiriendo mayores responsabilidades, la moda pasó y sólo uno o dos la volvieron un hábito que conservan hasta la fecha.

Hoy, seguramente mi anécdota sería vista como “ñoña” por niños de 15 o 16 años. Cuando lo que hoy abunda son drogas de diseño (tachas, éxtasis, etc…) los jóvenes las asumen como algo cotidiano en su vida. Aun así, y como en ese entonces, hay quienes saben decir que no y se mantienen alejados de un ambiente que puede terminar con su vida.

Mi punto es, que la decisión de consumir alguna droga es una decisión completamente personal y, si acaso, una deformación familiar o de plano psicológica. Nadie nunca me obligó a consumir droga y dudo que de haberlo hecho lo lograra por más de una vez. Las consecuencias, claro, para la familia del adicto, son devastadoras: gastos en rehabilitación, ruptura de la relación familiar, descomposición de la convivencia en el hogar, por citar algunas.

Todo esto ha hecho que el gobierno, por años, haya permitido la libre venta de droga en tienditas, tiendotas, con dealers en puntos muy localizables. Hasta donde se puede ver, siempre ha habido cierto consentimiento del gobierno hacia los capos de la droga, con manejos muy claros y delimitados de territorios donde pueden ofrecer su producto. A cambio de un impuesto que podría generarse a través de una comercialización legalizada, se ha optado por recibir prebendas y mordidas. Es dinero que no pasa por el fisco, pero que igual ha llegado al gobierno.

Lo que sí se adoptó fue una actitud en la cual se criminaliza al consumidor, quien más que ser un criminal es un enfermo que debería ser atendido por el sistema de salud federal o local. Es obvio que es mucho más fácil detener y procesar a un junkie por la posesión de un churro, un hato, una grapa o una pastilla, que hacerlo con los grandes jefes del narco que tienen armas, gente y dinero. Se volvió más peligroso tener una adicción que comercializar droga.

Entonces el gobierno de Felipe Calderón pensó que era buena idea “combatir frontalmente” al narcotráfico (aceptémoslo, hay cosas que se manejan a niveles que ni tu ni yo podemos siquiera imaginar) y comenzar a tratar de detener a los grandes capos de la droga. Esto ha redundado en la detención, extradición o muerte de algunas de las figuras visibles del narcotráfico, sólo para crear espacios en los cuales los mismos integrantes de los cárteles se matan entre sí para ocupar los puestos de poder.

En este sexenio, van ya más de 22 mil muertes relacionadas con la “guerra contra el narco”, sólo el 10 por ciento, dice Calderón, son civiles que tuvieron la mala fortuna de estar en el fuego cruzado en ejecuciones o acciones de las autoridades federales y el ejército. Quisiera saber si la palabra “baja civil” es suficiente para quienes han perdido a un familiar en uno de estos enfrentamientos.

Y la imagen de México, por el suelo. En periódicos de todo el mundo no cesan las noticias de ejecuciones, violencia y narcotráfico. Las sugerencias que rayan en la prohibición de viajar a México, no sólo espantan al turismo, que es (y debería serlo más) uno de los motores de la economía nacional; sino que también ahuyentan a los inversionistas y empresarios, cada vez más extorsionados por un narco que busca hacerse de recursos económicos de una manera u otra.

¿Por qué digo entonces que la guerra contra el narco es absurda? No porque Joaquín Sabina lo haya dicho en su más reciente visita a México, sino porque a mí, como persona, me importa un bledo si mi vecino se mete por la cara lo que le de su regalada gana. es su decisión y es él quien va a pagar las consecuencias de sus actos. Habría, en todo caso, que trabajar en educación, en información, en combate a las adicciones y no pelear contra un grupo que supera en fuerza y violencia al gobierno. Es decir, acabar con los clientes de alguna manera mina el negocio del narco.

Si alguien se hace millonario y hasta sale en Forbes, gracias a que asumió el riesgo de volverse narcotraficante, pues muy su problema y muy su gusto. Los que están en el jale saben que pueden acabar de dos formas: en la cárcel, o muertos. Es, por decirlo así, su riesgo de empresarios. No se confundan, no los llamo empresarios, porque no tienen comparación, pero es, al final, su riesgo.

Yo no estoy metido en el narco, ni los niños que murieron en el retén del ejército camino a Matamoros, ni la señora que circulaba con su hijo en la costera Miguel Alemán de Acapulco, ni los más de 2 mil inocentes que han muerto en esta absurda guerra contra el narco. ¿En qué si estoy? En mi trabajo, en mi empresa, batallando para conseguir y servir a mis clientes.

Es ahí donde sí puedo recibir una llamada desde el interior de un penal diciéndome que un familiar está secuestrado, una llamada que me amedrente y pretenda sacarme dinero. Es en la calle donde puedo ser “bajado” de mi automóvil (ya no tiene que ser de lujo) por un analfabeta que va a recibir 4 mil pesos por poner en peligro mi vida. También es ahí donde puedo ser asaltado tras salir de un cajero automático, donde en realidad pueden secuestrar a un familiar por el único delito de haber aguantado el peso del “Baldor” y haber terminado la escuela.

A mi no me importa el narco. He visto que quienes son adictos buscan uno y otro y otro dealer. Que si agarran a uno, lo que pasa es que se van con el otro y la consiguen un poco más cara de lo habitual “porque ya ves cómo está de caliente la cosa”. Pero no pararán de consumir por el simple hecho de que pretendan acabar con sus dealers. Quienes no nos metemos nada, sin embargo, estamos expuestos a quedar atrapados entre las balas de esta absurda guerra. Tenemos que vivir con miedo en la calle porque las autoridades, en lugar de estar preocupadas en abatir delitos del fuero común, con víctima clara, están tratando de ganar una “guerrita” perdida desde antes que comenzara.

Mientras nosotros estamos haciendo esta guerrita aquí, en Portugal se ha abierto el rango para la posesión permitida de estupefacientes, en California, en la universidad de Oaksterdam, se analizan y estudian los efectos, cultivo, tratamiento y comercialización de la marihuana (dicho sea de paso, los primeros vestigios de que la marihuana fuera consumida, datan de hace 27 siglos, según una investigación de la revista emeequis).

Sí coincido con Sabina en que el presidente de México libra una batalla “ingenua”, por decir lo menos. También sé que lo políticamente correcto para Mr. Flintstone sea salir a enmendarle la plana y luego invitarlo a Los Pinos a comer. Sé que ya ahora, pues “a rajarse a su pueblo”, dirían y que el presidente Calderón ni va a retirar al ejército de las calles, ni va a parar su guerrita. Sólo espero que el próximo en la silla grande comprenda que ese 90 por ciento de los ciudadanos que no usamos drogas, queremos seguridad y paz en nuestras calles. Que preferimos que el dinero que se usa en armamento para el ejército se utilice en atrapar a las bandas de secuestradores y a los raterillos de poca monta, que son los que sí nos quitan el sueño.

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comentarios
  1. messyblues dice:

    Exelente artículo, si me das permiso lo reproduzco en mi blog. Un abrazo y gracias por haberme visitado man

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