El México del blanco y negro

Publicado: septiembre 2, 2011 en Opinión

En México sólo hay de dos sopas, prácticamente para todo. O estás a favor del PAN y del gobierno de Felipe Calderón, o estás en su contra y eres un Pejefan que va a sus mítines. O estás a favor de la guerra contra el narco, o eres un Junkie que no sólo está a favor de la -oh terrible- idea de la legalización de las drogas. O estás en contra del aborto o estás a favor del homicidio calificado que éste resulta para algunos y merecerías ir, entre otras muchas cosas, al infierno.

O estás en contra de los casinos, o lo estás a favor del crimen organizado que utiliza siempre estos recintos como centros de distribución y lavado de dinero. O eres “hijo de papi que se viste de blanco para una marcha fresa”, o eres morenito y “naquito” que es la imagen ideal para el “morena” de AMLO. O eres un rico cerdo capitalista, o eres un jodido que trae en la bolsa el abono del metro.

En fin, no hay punto medio. Eres blanco o eres negro. Como sociedad, por lo menos en lo que trasciende a los medios de comunicación y a los blogs y espacios para comentarios que éstos utilizan, hemos perdido la capacidad para reconocer que existe, entre ese negro y ese blanco, una amplísima escala de grises que hace precisamente muy interesante la convivencia con otras personas. Hemos llevado esto a todos los niveles. Los diputados de una bancada no pueden atreverse a votar en contra de la “línea” del partido, que ya todos sabemos cuál va a ser. ¿Para qué entonces tener más de 500 diputados si todos votan en bloque? ¿No sería igual tener, no sé, 7?

Soy lector de Reforma (para bien o para mal tengo que hacerlo) y de algunos otros medios. Pero particularmente el periódico Reforma tiene una muy socorrida herramienta de comentarios en la cual, escondidos tras el anonimato, se expresan los peores representantes de esta polarización. Cualquier nota de inmediato es atacada por integrantes de dos bandos, conocidos por sus respectivos detractores con dos nombres:

PANdejos: Dícese de aquellos que, aparentemente, están de acuerdo con tooooodo lo que dice y hace el PAN, comenzando por el presidente Felipe Calderón y terminando por el de intendencia de sus oficinas en Coyoacán. Sus detractores afirman que cualquier comentario que tenga asomo de concesión a cualquiera de sus integrantes convierte a los opinantes en “zombies” manipulados por la todopoderosa y corrupta mano de Televisa y su velado líder, que es Joaquín López Dóriga, a los cuales les confieren poderes sobrehumanos para manejar las mentes de aquellos que osamos prender la tele en el canal 2.

PEJEzombies: es decir, aquellos que están siempre a favor de TODO lo que haga Andrés Manuel López Obrador y su prole. Sus detractores eliminan cualquier ápice de inteligencia que pueda caber en ellos para discernir y asumen que se aceptan todas sus propuestas a mano alzada, con fe ciega en un redentor de la patria que casi casi tiene cualidades de santo.

Esta clasificación separa inmediatamente a los cultos de los nacos, a los subversivos de los complacientes, a los ricos de los pobres, a los “empresarios” (siempre con la connotación de cerdos capitalistas que abusan de sus empleados y no pagan impuestos porque son muy ricos). Separa también a aquellos corruptos de los que no lo son y un grandísimo etcétera.

Estos debates, que lo mismo se dan en los foros del Reforma que en la calle, comenzarán a intensificarse en cuanto se formalice la simulación del arranque de campañas (algunas de las cuales ya llevan 5 años o más) y entonces cada quien tome su bando: O estás a favor de perpetuar a los neoliberales en cualquiera de sus formas (PAN o PRI) o estás a favor de “salvar a México” con cualquier cosa que termine haciendo la mano que verdaderamente mece la cuna de la izquierda: AMLO.

Y es que abstraerse no es fácil. Los medios bombardean desde múltiples trincheras la mente de los votantes, aquellos que hemos permanecido inmóviles ante los abusos que una y otra vez cometen los que están en el poder. Porque es curioso, lo que se busca no es el gobierno, es el poder. Y ya ni siquiera trata de ocultarse esta intención, es abierto que lo que buscan unos es conservar el poder y otros obtenerlo, aunque después no sepan ni para qué.

Yo creo que como sociedad debemos de madurar y considerar la escala de grises. No puede ser que todo en Calderón sea malo, así como no todo en Marcelo Ebrard es malo. No puede ser que todo en AMLO sea bueno, como tampoco todo en Enrique Peña podría serlo. Vayamos a nosotros mismos, ¿somos unipolares? ¿somos siempre un pan de Dios o de pronto explotamos por la ira? ¿Somos la honestidad en pleno, o buscamos zafarnos de un corralón con 300 pesos? ¿Somos de Greenpeace o de pronto tiramos una colilla de cigarro a la vía pública?

La verdad es que hacemos de todo. Y así viene a ser la vida. ¿Qué chiste tendría de otro modo? ¿Cómo sería nuestra convivencia si fuéramos 100 por ciento predecibles todo el tiempo?. Analicemos con ese espíritu el bombardeo (también monopolizado) de las “ideas” de los candidatos y luego participemos activamente en la decisión de quien estará en nuestro gobierno. o se vale, creo yo, claudicar a manera de protesta en un derecho que costó sangre obtener: el derecho a votar.

Que si el IFE no sirve ya para nada o está amañado, que si van a manipular los resultados. ¿A alguien realmente le consta? Que presente pruebas reales. Mientras tanto tu y yo tenemos que ir a ejercer ese derecho. Si no, ¿cómo pedimos cuentas después?

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