El Hombre Vertiente

Publicado: agosto 14, 2013 en Entretenimiento, Música
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Escena de "El Hombre Vertiente"

Escena de “El Hombre Vertiente”

Una de las maravillas del teatro es la capacidad de estar en contacto con los actores, verlos, sentir su energía y adentrarte con ellos en la trama. Ninguno en la sala ve la obra con los mismos ojos. Cada uno entiende lo propio, lo que su contexto y estado de consciencia le permite. Por ello algunos las odian, otros las aman y muchos más no les entienden (aunque aparenten que sí).

Cuando me invitaron a ver “El Hombre Vertiente” no sabía bien a bien qué esperar. Sabía que habría agua, y por eso aconsejé a mi esposa para que llevara un cambio de ropa para nuestro hijo de 8 años, que por primera vez nos acompañaría a un espectáculo de este tipo.

Por la portada era fácil predisponerse a ver algo muy parecido a “Fuerza Bruta”. Una compañía de teatro argentina, Ojalá, era la encargada del montaje y, de alguna manera ya nos habían hecho ver cómo se rompe el molde del teatro convencional, al convertirte en parte de la experiencia. Debo decir que Fuerza Bruta me encantó.

Sin embargo, fui con la mente abierta a ver qué ocurría. Resulta que prácticamente el único factor en común es el agua. El Hombre Vertiente es un viaje, alucinante, perfectamente montado en el “Plaza Condesa”, que yo disfruté como niño, como nunca. Tal vez fue porque asistí con mi hijo, que adopté la posición de sacar el mejor provecho de este espectáculo.

No intentaré siquiera ofrecer una explicación a la trama. No creo que sea posible y haría yo mal. Pero sí digo que quien vaya encontrará una experiencia intensa, fenomenal, con todos sus sentidos. Actores apareciendo de cualquier parte, agua lanzada a quien tenga cara de querer ser mojado, música, baile, diversión pura.

Hoy recuerdo a mi esposa y a mi hijo empapados, bailando, riendo con desconocidos, en una comunión de espíritus que duraría sólo unos momentos. Poco antes, cuando los actores que después se unieron al baile agradecían los aplausos, me acerqué a mi hijo y le dije: “Mira, Diego, así se le ve la cara a quien hace lo que más le gusta en la vida”. Sé que es algo que no se le va a olvidar.

La obra estuvo muy poco en México, pero si un día tienen oportunidad de verla, no se la pierdan.

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