El país de las No Reformas

Publicado: agosto 20, 2013 en Uncategorized

Muchos se burlaron del entonces Secretario de Gobernación Santiago Creel, cuando acuñó la frase de “sospechosismo”, pero no pudo ser más atinada. Vivimos en una sociedad que, por su estado de maduración democrática, vive en el sospechosisimo total. nadie cree en nada ni en nadie.

De ahí que cada discusión que se plantee sobre la mesa, caiga muy fácilmente -pero muuuuy fácilmente- en posiciones totalmente extremas. Se toma el bando de los “buenos” o de los “malos” de acuerdo con nuestro lado de la mesa. Vivimos ya, dos elecciones presidenciales en las cuales el sospechosisimo fue la constante y la “discusión”, si es que puede llamarse así, estuvo totalmente polarizada.

No hay, entonces, manera de analizar los claroscuros de cada propuesta, ni voluntad de encontrar el punto medio. Como sociedad, pensamos fácilmente que algo , o alguien, es capaz de salvarnos o hundirnos. Pocos pensaron que fuera viable analizar seriamente las propuestas de AMLO, o bien era un “peligro para México” o era el “salvador de todos nuestros males”. Un ser perverso que quería hundir al país y a las instituciones (comparado muchas veces con Chávez), o un ser inmaculado, el más honesto de los políticos, adalid de la democracia y salvador de todos los desvalidos.

El otro lado de la moneda era Enrique Peña Nieto. Una audaz pregunta, que no supo contestar, fue más que suficiente para catalogarlo eternamente como inculto y hasta estúpido. Yo no hubo más. Como si quienes lo vieron fueran capaces de citar -o inclusive leer- tres libros. Para otros era la garantía de volver al “malo por conocido”, después de la debacle del PAN. Otra vez, o era un perfecto idiota manejado por los dinosaurios de Atlacomulco, o una garantía de que las cosas irían mejor.

En ese nivel de conciencia estamos en general como país. Hoy se discute una reforma energética y se pelea en las calles la educativa por parte de los “maestros” de la CNTE. 

Nuevamente estamos mostrando nuestra incapacidad para entender un tema y dialogarlo como nación. Para unos, ya nació muerta pues es “privatizadora”, ya que viene del PRI y, por ende, no debe ser buena para México. Otros defienden el petróleo como si de verdad fuera de los mexicanos y hablan del enriquecimiento de “unos cuantos”, sin saber que ya desde hace mucho son sólo 5 familias las que tienen el negocio del transporte de hidrocarburos en México, 5 familias millonarias. 

Se aprendieron el dogma de Tata Lázaro y prefieren ahogarse en el petróleo que buscar alternativas viables de inversión privada que harían a Pemex una empresa rentable, como Petrobras, Repsol o Statoil.

Claro, tampoco se trata de tragarse esos comerciales mamertos que ha sacado el gobierno Federal, que quieren hacernos creer que una vez que pase la reforma entonces sólo tendremos que “administrar la abundancia”, casi casi. No es la primera vez que lo escuchamos.

Mi punto es que esta reforma ni va a hundir a México o entregar “nuestro” petróleo a los extranjeros, ni será la panacea que permita a millones de mexicanos salir de la pobreza. 

Será la capacidad política del PRI, que en eso algo saben, la que nos demuestre si este país puede dejar de ser el país de las “no reformas”. Ya el PAN en su momento demostró la incapacidad total para manejar este tipo de reformas, entregando en concesiones absurdas los puntos fundamentales para una transformación de fondo. 

Total, que se presenta una reforma educativa que no será capaz de cesar a malos maestros, que a lo mucho los mandará a realizar “labores administrativas” en caso de no superar los ínfimos estándares de calidad de la evaluación que se propone. Las plazas (esas sí privatizadas por el sindicato y por unos cuantos) son intocables y esto cancela la posibilidad de una mejor educación para los niños.

México está en una posición hoy de privilegio en el entorno internacional y da coraje ver cómo todas las reformas terminan siendo la versión “light” de aquellas que se proponen y que podrían cambiar el rumbo de temas estratégicos para aprovechar el contexto internacional. 

Grupos de poder, crecidos ante la incapacidad de gestión de Fox y Calderón, están dispuestos a todo para reclamar lo que “es suyo”: plazas, beneficios, prestaciones, opacidad en el manejo de sindicatos… y un largo etcétera.

Vamos a ver en qué termina la denominada “Reforma Energética”. Sin darle la razón a nadie lo que parece es que algunos quieren que todo cambie para que todo siga igual. Les da miedo pagar el costo político de hacer verdaderos cambios. Ya de por sí la reforma planteada por Peña no es la ideal, vamos a ver si no termina siendo otra reforma “light”.

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